Érase

Once, a new musical, de Enda Walsh, Glen Hansard y Markéta Irglová
Bernard B. Jacobs Theatre, 11 de enero 2013

Chica al piano, chico a la guitarra. Foto: Joan Marcus.

Chica al piano, chico a la guitarra. Foto: Joan Marcus.

Cuando entras al teatro, una banda de folk rock está de jam session sobre el escenario tranformado en pub irlandés; en su barra semicircular venden cerveza a los espectadores que se atreven a subir las escaleritas. El tempo de las improvisaciones se hace cada vez más lento; el público va regresando a sus butacas y un chico coge la guitarra y canta una balada que es ya el primer número de Once, el aclamado Musical indie de Broadway basado en una pequeña película irlandesa del mismo título. En este cuento de hadas postmoderno, el príncipe infeliz es Chico, un músico callejero irlandés, treintañero y en crisis existencial; el hada madrina es Chica, una joven y apasionada pianista checa sin piano ni sentido del humor; y la lámpara mágica es una vieja aspiradora rota. Tanto su autor, Enda Walsh, como su director, John Tiffany, han acertado en la dosis de autenticidad y teatralidad que da a Once un aire generacional: es como el Rent de Larson pero actualizado para el ipod nano. Los actores tocan en directo sus instrumentos: piano, guitarra, banjo, acordeón, y lo que se tercie; pese a estar en un teatro de mil butacas la sensación es la de un concierto acústico en una pequeña sala. La historia arranca con una inmediatez inesperada y consigue concluir evitando los lugares comunes de las historias de amor. Los cambios de decorado se resuelven con tres sillas, unos focos y la imaginación del espectador. No poca culpa del éxito la tienen sus dos protagonistas: la muy divertida Cristin Milioti y el francamente atractivo Steve Kazee.

Cierto es que hacia la mitad del segundo acto las canciones empiezan a sonar algo repetitivas y que los personajes secundarios (padres comprensivos, madres seductoras, compañeros de piso adictos a las telenovelas, vendedores de pianos de origen español, banqueros con doble vida) no dejan de ser bocetos sentados en la periferia de la historia principal que, cuando conviene, se levantan, participan en ella -habitualmente con el chiste oportuno- y después se vuelven a sentar pero, en general, esta todo hecho con tanto buen gusto que, sin pretenderlo, Once coloca en su lugar a ciertos film-musicals y jukebox-musicals que pululan por los escenarios del mundo. Sin fecha de cierre en Nueva York y con estreno previsto en Londres para marzo, es este un Musical para disfrute de abonados a Filmin y a los cines Renoir. Que está muy bien, vamos.
 
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