Besos sin lengua

Kiss me, Kate, de Cole Porter y Sam & Bella Spewack
The Old Vic, 12 de febrero de 2013

critica de la obra de teatro kiss me kate de cole porter en the old vic

Jason Pennycooke en Too darn hot. Foto: Catherine Ashmore

Tras una década al frente de la dirección artística del Old Vic, se ha atrevido Kevin Spacey a incluir un Musical en la programación del histórico recinto de la orilla sur del Támesis. Para cubrirse las espaldas, recurre a tres nombres consagrados de la historia del teatro. En primer lugar, William Shakespeare: el libreto de Kiss me, Kate -escrito por Sam y Bella Spewack- cuenta el ensayo general y posterior estreno de una versión musical de La fierecilla domada por parte de una compañía de tercera categoria de gira en Baltimore. En segundo lugar, Cole Porter: mítico compositor que, tras triunfar en Broadway con sus comedias musicales ligeras de los años 30, intentaba, ya a finales de los 40, responder con esta obra a las innovadoras aportaciones introducidas por Rodgers y Hammerstein en el género. Y en tercer lugar, Trevor Nunn, peso pesado de la escena británica donde los haya: dieciocho años al frente de la Royal Shakespeare Company, seis como director del National Theatre (donde ofreció numerosos Musicales) y mente creativa de éxitos planetarios como Cats y Los Miserables.

Pero como en el enigmático mundo del teatro no siempre ocurre lo que cabría esperar, el resultado de esta mezcla de ingredientes de alta calidad no va más allá de un correctísimo pero frío montaje solo recomendable para (muy) interesados en la historiografía del teatro musical. Kiss me, Kate encierra dos obras en una; por un lado, la representación de La fierecilla domada y, por otro, los líos sentimentales y económicos de los miembros de la compañía por detrás del escenario. Está más lograda la primera y, de hecho, la adaptación de la comedia shakesperiana es muy buena, canciones incluidas. Desgraciadamente, respecto a la trama del backstage, los gags que sin duda provocarían las carcajadas del público de hace seis décadas ahora se reciben en un respetuoso silencio.

El fallo mayor reside en la dirección de actores. La pareja protagonista que mueve la ación amorosa no acierta a mirarse, en tres horas de función, no ya con deseo sino con el más mínimo interés. En general, todos en el elenco parecen ausentes y preocupados solo por lucir sus (espléndidas) voces. Acaban llevándose los mayores aplausos los dos cómicos gangsters a cargo de Clive Rowe y David Burt con su burlesco Brush up your Shakespeare y el fantástico Jason Pennycooke que encabeza la coreografía a lo Bob Fosse de la famosa Too darn hot. Poco premio para tan larga velada.

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