El Duelo: Chéjov, teatro, mundo

El Duelo de Antón Chéjov
Teatro Valle-Inclán, 20 de septiembre 2013

Picnic en el Cáucaso. Foto: Ekaterina Tsvetkova

Picnic en el Cáucaso. Foto: Ekaterina Tsvetkova

– En la vida familiar, lo principal no es el amor sino la paciencia -le dice el bondadoso médico Samóilenko al joven Layévskii, ya herido de vida en los primeros compases de El Duelo, maravilla chejoviana con la que debuta en España el Teatro del Arte de Moscú. Muchísima paciencia y un gran amor se adivina en la relación que cada uno de los excelentes actores de la histórica compañía ha entablado con sus personajes. Guiados por su director Anton Yacovlev, desarrollan ante nosotros un trabajo tan meticuloso y vital que no debería perdérselo ningún amante del buen teatro.

Una sabia escenografía única de sogas en constante movimiento nos introduce en el círculo caucasiano que traza Chéjov -sin tiza- en torno a esta especie de veraneantes gorkianos que han acabado haciendo del verano su vida. Luces y efectos sonoros dibujan los paisajes exteriores e interiores por los que discurre la historia. El contraste y la sorpresa nos llevan de los retratos cómicos de la primera parte (celebrados con muchas risas por una platea aún expectante) hacia los pequeños dramas esenciales de estos seres aislados (aún más celebrados con un atentísimo silencio por un público ya entregado). Un mundo en el que caben mil mundos y unos pocos personajes en los que estamos todos los personajes.

El Teatro del Arte nos lleva de paseo en barca, unas veces por las aguas del naturalismo psicológico y otras por las del expresionismo onírico, pero siempre en un viaje de prodigiosa teatralidad al servicio del relato corto del autor ruso que da pie a este montaje. Chéjov mira al mundo. Nosotros miramos a Chéjov; nos mojamos de pies a cabeza en su diluvio y aplaudimos agradecidos tras el emocionante final.

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Ya no vamos a Moscú

Vanya and Sonia and Masha and Spike, de Christopher Durang
Lincoln Center Theatre at the Mitzi E. Newhouse, 16 enero 2013

La manzana de Chéjov. Foto: Carol Rosegg.

La manzana de Chéjov. Foto: Carol Rosegg.

Vanya y Sonia han pasado la vida cuidando de sus padres -profesores universitarios enamorados de Chéjov– hasta el último momento. Su hermana Masha -estrella de Hollywood en horas bajas con jovencito amante cachas- regresa a Pennsylvania para poner en venta la propiedad familiar cuyos gastos ya no puede costear. Pronto se les une la etérea y trágica hija de los vecinos, de nombre… Nina, claro. Partiendo de estos hilos tan chejovianos, Christopher Durang presenta su última obra en la que deja de lado el humor absurdo y neurótico para dar una lección de comedia clásica en la que los gags se suceden alocadamente: Spike, el jovencito cachas, se quita la ropa a las primeras de cambio, hay una fiesta de disfraces basada en Blancanieves, con enanitos y Maggie Smith recibiendo el Oscar, incluidos; hay teatrillo vanguardista en el que una molécula se queja del cambio climático, y está la criada que hace vudú.

Durang ofrece una obra de actores con elenco de campanillas: ver actuar en vivo a la cinematográfica Sigourney Weaver es, personalmente, un sueño hecho realidad. El timing cómico del televisivo David Hyde Pierce es de alta precisión. Y la menos conocida Kristine Nielsen acaba robando la función con el personaje más agradecido de todos. Los jovenes están también excelentes. Sorprende, tras tanto gag, el tono más serio, aunque profundamente optimista, del tercer acto. El buen ambiente creado en la acogedora Sala Off Broadway del Lincoln Center es tan palpable que actores y espectadores nos miramos y, aún sabiendo que no es ésta la obra que cambiará nuestras vidas, nos sentimos tan a gusto que ya no queremos ir a Moscú.

Impresiones teatrales 2012 (Parte 3)

Qué mejor modo de estrenar noviembre que asistir al Don Juan Tenorio alternativo de la Plaza de la Cebada. Montaje casi callejero con fantásticas escenografías y festivo ambiente contagiado al numeroso público.//Esta vez, sí. En su segunda incursión del año en Madrid, Declan Donnellan venció y convenció. La primera parte de Las tres Hermanas del Teatro del Arte de Moscú era excelente. La segunda, verdaderamente espectacular. Casi se podía haber llamado la obra Masha, dado el extraordinario trabajo de Irina Grineva dando vida a la mediana de las Prozorov. Un Chejov para recordar.// De Doña Perfecta, carta de presentación de Ernesto Caballero al frente del CDN, me quedo con el magnífico trabajo del siempre obligatorio Israel Elejalde: voz y gesto constantemente precisos a lo largo del progresivo descenso al abismo del galdosiano Pepe Rey. Le acompaña, con gran acierto, Lola Casamayor.//Nueva cita con el ciclo Una mirada al mundo en el Valle Inclán. El Bob de Anne Bogart resulta ser un ejemplo magistral de Solo play a la americana que se apoya en la exhibición interpretativa de un Will Bond con perfecto dominio de sus capacidades expresivas.//Otro montaje genial que recupero en este 2012 y en uno de los pequeños teatros más bonitos que he visto, el Corral de Comedias de Alcalá de Henares. De Los ojos de Pablo Messiez me fascina ese mundo y estilo tan especial de su autor que no teme saltarse las normas de la lógica para ofrecernos instantes congelados de pura emoción y hacer poesía de la disfuncionalidad. Qué decir de su talento para brindarnos grandes actrices en estado puro: si maravillosa está Marianela Pensado dando vida a esa niña que le reza a su virgencita de Famosa, sin duda lo mas poderoso de Los ojos es ese torbellino de sentimientos y verdad en que se convierte Fernanda Orazi ante nuestros ojos. Su Natalia es un desamor andante, con maleta y sin mechero, que impacta al espectador. Conviene ir preparados.//Poderío también el de Tomás Pozzi que recibe en el Hall del Lara con Las flores pa los muertos: sinceridad envuelta en carcajadas con un toque bizarro a lo Tennessee Williams y apabullante bajada de escaleras que envidiaría la mismísima Lina Morgan.

Ya en diciembre, y temiéndome que no se estrene a Madrid, cojo el AVE a Lleida, ida y vuelta, para no perderme el renombrado Incendis de la Compañía La Perla 29. De qué modo tan inteligente lanza inmediatamente Wajdi Mouawad a sus personajes en busca de la verdad. Y qué conmovedoras interpretaciones de Clara Segura y Julio Manrique. Junto a ellos vamos recorriendo un camino que hace presente el pasado, cercano lo lejano y vivo lo muerto. Oriol Broggi hace justicia a esta tragedia épica a escala humana con una puesta en escena a lo Brook. Cada pequeño gesto abre la puerta a otra nueva realidad, en un juego constante de espacios, tiempos y puntos de vista. Vuelvo de Lleida enamorado de Mouawad y de La Perla.//En La Abadía llena El diccionario, bien construido biopic de María Moliner que nunca oculta su estructura y lenguaje mainstream. A los pocos minutos ya la veo estrenada en Broadway o en el West End (con mecanismo, eso si, que haga subir y bajar automáticamente el atril). Triunfaría allí, como lo ha hecho aquí, gracias a la exhibición de Vicky Peña en plan Jessica Tandy.//Grata sorpresa en el Garaje Lumiere con Dos en la ciudad de un Antonio de Cos que parece discípulo de Sanzol. Me gusta mucho el texto bien escrito de esta comedia episódica de parejas y sonrisas en la que se mezclan localizaciones americanas con surrealismo español; como si Nora Ephron sirviera cosmopolitans a la otra generación del 27.//Gracias a la residencia temporal que los Teatros del Canal ofrecen al equipo de La Guindalera puedo concluir este repaso a mis mejores experiencias teatrales de 2012 con su exquisito montaje de La larga cena de navidad de la que, entre otras cosas, me admira el trabajo conceptual de Juan Pastor en la dirección. Pequeña obra para ver y repetir: un diamante es para siempre.

Impresiones teatrales 2012 (Parte 2)

Segunda parte de mi recorrido teatral por el 2012. Mañana, la conclusión.

En julio, me sorprende el dinamismo que consigue imprimirle al texto de La escuela de la desobediencia su director Luis Luque. Otro al que conviene seguirle la pista.//Disfruto con Viejos tiempos de Pinter en la Pequeña del Español. Montaje-homenaje a Luis Escobar -cuya traducción se respeta- con ecos de Irene Gutiérrez Caba y Paco Rabal en las interpretaciones de Emma Suárez y José Luis García-Pérez.//Probablemente, el acontecimiento del año en la escena madrileña haya sido la inauguración de La casa de la portera. Y quién mejor que Chejov para dar el pistoletazo de salida a esta nueva propuesta teatral. Ya en el propio título, pone Ivan-Off de manifiesto cuánto arte e ingenio aportan y aglutinan José Martret y Alberto Puraenvidia en torno a su aventura. Pero este Ivan-Off pertenece sobre todo a un inmenso Raúl Tejón capaz de encarnar a solo tres palmos de los espectadores la oculta tragedia de la vida en minúsculas. De entre el compacto elenco destaco al tragicómico Carlos Leyva de Germán Torres y a las divertidísimas Condesa y Señora Leyva, cuyos canapés ha probado incluso Vargas Llosa. La casa de la portera es un bajo, interior y con poca luz; pero reformado y con infinitas posibilidades. Mejor verlo.//Comenzó el Fringe Madrid con alguna propuesta interesante: en Las plantas descubrimos a Estefanía de los Santos, otra sorprendente actriz que nos llega de la factoría Messiez. En su monólogo, comparte soledad, vacía regaderas y ama salvajemente a Nina Simone.

Agosto: la Orazi, siempre. También en el Fringe la pudimos disfrutar por partida doble en La realidad, drama uruguayo de gemelas que de jóvenes leyeron Mujercitas.//Tras el prolongado y comprensibe éxito de la Burundanga de Jordi Galcerán llega al Maravillas Shirley Valentine. El alma del montaje está en la tierna y cómica interpretación de Verónica Forqué. A ratos, si entrecierro los ojos, me parece estar eschuchando a la gran Aurora Redondo.

Se inicia septiembre con otra acertada versión de José Padilla: el Enrique VIII de Shakespeare en los Teatros del Canal, obra con la que la Fundación Siglo de Oro consiguió el triunfo para España en el Globe Theatre del Londres olímpico de hace unos meses. La dirección de Ernesto Arias ofrece sencillez, claridad y destacado protagonismo para la Catalina de Aragón de Elena González.//Otra gran experiencia en Microteatro de la mano de En construcción, emocionante pieza breve, extraída de otra más larga, en la que Carolina Román, Nelson Dante y Tristán Ulloa dibujan cercanías y distancias en torno al amor y la emigración.//Tenía ganas de ver mi primer Carousel de Rodgers y Hammerstein; por fin tengo la ocasión en el Barbican de Londres. Aunque para nada es redondo el montaje del Opera North de Leeds, se adivina todo lo que puede dar de si este material, quizá el más complejo y arriesgado de la venerable pareja.//En el Young Vic veo un rompedor montaje ‘deconstructivista’ de Las tres hermanas de Chejov a cargo del interesante director australiano Benedict Andrews. A ver si en Madrid o en Barcelona se anima alguien a traer este Three sisters.//Me sorprendo con el dominio sobrehumano de los diálogos sugestivos que demuestra la veterana innovadora Caryl Churchill en el Love and information del Royal Court: son 57 escenas independientes a las que un montaje algo unívoco les resta un poco de su rica ambigüedad.

Y en octubre, La vida es sueño. Se estrena Helena Pimenta con Calderón en la Compañía Nacional de Teatro Clásico regalándonos un extraordinario Segismundo, más humano que nunca gracias a la excelente versatilidad de Blanca Portillo. Mención especial para la vibrante Rosaura de Marta Poveda y para el rey Basilio del siempre acertado Joaquín Notario.//En transición hacia el teatro privado, Eduardo Vasco presenta una Noche de reyes de Shakespeare en la que destacan la andrógina Olivia de Beatriz Argüello y ese bufón casi de Mihura a quien Arturo Querejeta aporta veterana presencia escénica.//Me sorprende en el Principal de Valencia el My Fair Lady de Azpilicueta, mucho más rico en todos los aspectos que algún otro montaje suyo también en cartel.//Primer contacto con la compañia Ron Lalá gracias a Siglo de Oro, siglo de ahora, acertado y gamberro juego escénico que pone en contacto el teatro barroco español con nuestra actualidad inmediata, para diversión de los espectadores.

Impresiones teatrales 2012 (Parte 1)

Con el cambio de año, Teatroland se reinventa como diario personal de impresiones teatrales. En este primer post de 2013 comienzo el repaso a lo mejor de lo vivido en teatros en 2012. Soy ecléctico, aviso.

Enero comenzó con un viaje a Nueva York donde pude recuperar el Ricardo III psicópata pero simpático de Kevin Spacey: excelente primera parte pero actor y obra se deshinchaban tras el descanso.//Además cayeron tres revivals de musicales clásicos: Porgy and Bess de los Gershwin con una extraordinaria Audra Mcdonald (¡qué voz, qué todo!) pero irregular en lo demás.//Elegante Anything Goes de Cole Porter, con la ascendente Laura Osnes y el legendario Joel Grey.//Y el Follies de Sondheim (presupuesto reconocido: 7 millones de dólares) en el que me fijé especialmente a la espera de la versión española. Aparte del prodigioso ritmo durante la secuencia alucinatoria (Loveland, etc.) y la entonada Phyllis de Jan Maxwell, simplemente correcto. Y Bernadette Peters, en un miscasting como una catedral.//De la cartelera madrileña me sorprendió la inteligente puesta en escena de José K. torturado (¿por qué no dirige más Carles Alfaro?) con un estupendo Pedro Casablanc.//Del sobreproducido Montaplatos de Animalario me quedo con el trabajo de  Willy Toledo.

En Febrero recuperé el Malcontent de Grumelot. Inteligentísima adaptación de José Padilla, que resuelve muchas lagunas de La duquesa de Amalfi de Webster al hacer protagonista al criado Bossola; gran interpretación de Javier Lara.//Interesante Priestley en El tiempo y los Conway de Pérez de la Fuente con una destacada Nuria Gallardo.//En Segovia pude ver por fin La función por hacer, de Kamikaze Producciones, extraordinario derroche de talento que justifica todo lo que ha venido después.//En el Lara me sorprendió El manual de la buena esposa, divertida comedia de sketches a zaga de la huella de Sanzol.//Atrevido texto el de Grooming, especie de problem play contemporánea escrita por Paco Bezerra.//Y llegó el Follies de Mario Gas: ‘casi un milagro’ que, con una décima parte del presupuesto de la versión americana, lo igualaba en varios aspectos y lo superaba en muchos. Por una vez se cumplió el dicho y la Plaza de Santa Ana no tuvo nada que envidiarle a Times Square. Qué gran versión en castellano de Roser Batalla y Roger Peña: letras comprensibles y gramaticalmente correctas en nuestro idioma, lo cual tiene mucho mérito dada la escritura verborreica de Stephen Sondheim. Vicky Peña, Carlos Hipólito, Ángel Ruiz y  la Broadway baby Asunción Balaguer me gustaron especialmente en este viaje hacia el brillo seductor y engañoso de las lentejuelas, pero ¿quién no quiso alguna vez ser corista? La mirada luminosa de Muntsa Rius en los aplausos finales demostraba que también ella se había dado cuenta de que era su obra y su momento.

Otro gran descubrimiento en marzo: los Tres años de Sala Guindalera. Las aguas calmadas y los torbellinos subterráneos del relato de Chejov puestos a la vista para placer del espectador gracias a la delicada adaptación y dirección de Juan Pastor. Teatro emocionante para adultos que te lleva de la risa al llanto gracias a un excelente reparto en el que destaca la conmovedora María Pastor. Además, todas las compañías y salas de teatro de Madrid deberían acudir a La Guindalera para descubrir como nos gusta ser tratados a los espectadores (y no me refiero solo al licor).//También recuperé este mes un pequeño montaje -vendría a ser un Off Off Broadway– del musical autobiográfico Tick Tick Boom de Tela-Katola en el que estaba más vivo el espíritu de Jonathan Larson que en la última producción de Rent en Nueva York. Acertado trío protagonista entre los que destacaba un muy expresivo David Tortosa.

En abril, me sorprendió la Exhumación de Carlos Be, sugerente texto y resolutiva puesta en escena que mezclaba con mucho acierto el Hamlet de Shakespeare con el suspense escandinavo.//Sin ser ‘Tis pitty she’s a whore de lo mejorcito de Cheek By Jowl, siempre sorprenden los de Donnellan con su dominio en el arte de mezclar espacio y tiempo al servicio de la historia (y además aprendimos cuánto ayuda a la mente criminal un coqueto cuarto de baño).//Fin de semana en Londres muy fructífero en lo teatral: La Royal Shakespeare Company pone su talento al servicio de Matilda, el Musical y eso se nota. Durante bastantes años van a poder los padres poner como excusa a sus hijos para ir a disfrutar con la ironía de Roald Dhal. Hilarante la Miss Trunchbull de Bertie Carvel que pronto hará las maletas para el estreno en Broadway.// Y siguiendo con mi Año Sondheim, un Sweeney Todd redondo con el excelente Michael Ball y una sorprendente Imelda Staunton todavía mejor.//Disfruté con la respetuosa versión del Largo viaje del día hacia la noche de O’Neill con David Suchet. Acostumbrado a verlo (doblado) en la tele como el Poirot de Agatha Christie no me imaginaba ni su dominio absoluto de la voz y el cuerpo ni el alucinante espectáculo interpretativo que nos ofreció.//Y hablando de grandes interpretaciones, llegó De ratones y hombres y, con la desoladora historia de Steinbeck, se repitió esa multiplicación del talento marca de la casa Kamikaze. Qué placer provoca un trabajo en equipo que da como fruto lo mejor de cada uno; todo lo contrario a esos irregulares repartos ‘amiguistas’ que tanto daño siguen haciendo al teatro ‘oficial’ en España. El George de Fernando Cayo me pareció simplemente inolvidable: su tierna amistad con el Lennie de Roberto Álamo, su escucha profunda del drama de la vida que le rodea y su dura decisión final me dejaron clavados en la butaca cada vez que vi la obra. Si yo fuera actor, mataría porque me dirigiera Miguel del Arco. Menciones especiales a Juanjo Llorens por sus mágicas luces, a Concha Busto por este regalo y a Aitor Tejada que, no contento con lo que pone sobre el escenario, se dedica también a conquistar fieles espectadores con sus buenas artes en Twitter.//Y sigue este estupendo abril con Farsas y églogas, joya del teatro pre-clásico español servida con mucho talento por la compañía segoviana Nao d’amores a la que queremos ‘por lo bien que se expresa’, aunque sea en pre-castellano.//De El chico de la última fila en la Cuarta Pared lo que más gustó fue la interpretación de Samuel Viyuela, otro joven actor con un futuro prometedor.//Qué gran trabajo de Julio Manrique y la Sala Beckett el montaje de Cosas que hoy decíamos que trajo La Abadía. Sentados a la mesa de ese camaleónico restaurante, los espectadores no hubiéramos querido salir de allí. Excelente traducción de Cristina Genebat, a la que se le nota la muy buena sintonía con Neil LaBute. ¡Vaya mes!

LLega mayo. Los aciertos del texto de La piel en llamas, invitan a estar atentos a los próximos estrenos de Guillem Clua.//Segunda etapa de La gaviota de Rubén Ochandiano, esta vez en el Galileo. Pese a ciertos desajustes, seguía brillando con luz propia la Irina Arkadina seductora y destructiva de Toni Acosta.//Nueva cita con Kamikaze, esta vez en Pozuelo para la función de despedida de la magistral Veraneantes. Lástima que la corrupción política y bancaria a la que los políticos y banqueros corruptos llaman ‘crisis’ haya impedido que esta inteligente adaptación de Gorki con extraordinario elenco siga seduciendo a nuevos espectadores a lo largo y ancho del país.

Comenzaba el mes de junio en pleno Festival de otoño en primavera. A la señora de Las Criadas de Genet le pasa como a la Irina de Chejov, que debe atraer y disgustar por igual. La bordaba Tomás Pozzi, muy bien acompañado por Fernanda Orazi y Barbara Lennie, en esta fresca versión de Pablo Messiez.//Patrice Chéreau ofrece una fascinante lectura dramatizada del Coma de Pierre Guyotat en La Abadia. //Pero de todo el festival me quedo con Le chemin solitaire de Arthur Schnitzer a cargo de tg STAN: un montaje que respeta por igual el papel de autor, actores y espectadores en una representación teatral. La compañía belga trabaja sin director.//Nueva visita a Nueva York en la que pude pillar la  extraordinaria One man, two guvnors del National Theatre británico. Prodigioso ejemplo de commedia dell’arte el de este Goldoni pasado por los Monty Python y por Little Britain. Y un descomunal James Corden dando lecciones de cómo se rompe la cuarta pared.//En otro musical de regusto clásico, el algo turístico Nice work if you can get it, me encuentro con un cumplidor Matthew Broderick acompañando a la que probablemente es la mejor actriz de Broadway hoy en día, la genial Kellie O’Hara. No acabo de entender qué hace en esta obra.//De vuelta en Madrid, primer contacto con el fenómeno del Microteatro multisalas malasañero: armada con manzana y jeringuilla, la orgullosa madrastra Dolly nos ofreció 15 minutos de mucha diversión y risas en Desmontando a Blancanieves de Juan Mairena.