Impresiones teatrales 2012 (Parte 2)

Segunda parte de mi recorrido teatral por el 2012. Mañana, la conclusión.

En julio, me sorprende el dinamismo que consigue imprimirle al texto de La escuela de la desobediencia su director Luis Luque. Otro al que conviene seguirle la pista.//Disfruto con Viejos tiempos de Pinter en la Pequeña del Español. Montaje-homenaje a Luis Escobar -cuya traducción se respeta- con ecos de Irene Gutiérrez Caba y Paco Rabal en las interpretaciones de Emma Suárez y José Luis García-Pérez.//Probablemente, el acontecimiento del año en la escena madrileña haya sido la inauguración de La casa de la portera. Y quién mejor que Chejov para dar el pistoletazo de salida a esta nueva propuesta teatral. Ya en el propio título, pone Ivan-Off de manifiesto cuánto arte e ingenio aportan y aglutinan José Martret y Alberto Puraenvidia en torno a su aventura. Pero este Ivan-Off pertenece sobre todo a un inmenso Raúl Tejón capaz de encarnar a solo tres palmos de los espectadores la oculta tragedia de la vida en minúsculas. De entre el compacto elenco destaco al tragicómico Carlos Leyva de Germán Torres y a las divertidísimas Condesa y Señora Leyva, cuyos canapés ha probado incluso Vargas Llosa. La casa de la portera es un bajo, interior y con poca luz; pero reformado y con infinitas posibilidades. Mejor verlo.//Comenzó el Fringe Madrid con alguna propuesta interesante: en Las plantas descubrimos a Estefanía de los Santos, otra sorprendente actriz que nos llega de la factoría Messiez. En su monólogo, comparte soledad, vacía regaderas y ama salvajemente a Nina Simone.

Agosto: la Orazi, siempre. También en el Fringe la pudimos disfrutar por partida doble en La realidad, drama uruguayo de gemelas que de jóvenes leyeron Mujercitas.//Tras el prolongado y comprensibe éxito de la Burundanga de Jordi Galcerán llega al Maravillas Shirley Valentine. El alma del montaje está en la tierna y cómica interpretación de Verónica Forqué. A ratos, si entrecierro los ojos, me parece estar eschuchando a la gran Aurora Redondo.

Se inicia septiembre con otra acertada versión de José Padilla: el Enrique VIII de Shakespeare en los Teatros del Canal, obra con la que la Fundación Siglo de Oro consiguió el triunfo para España en el Globe Theatre del Londres olímpico de hace unos meses. La dirección de Ernesto Arias ofrece sencillez, claridad y destacado protagonismo para la Catalina de Aragón de Elena González.//Otra gran experiencia en Microteatro de la mano de En construcción, emocionante pieza breve, extraída de otra más larga, en la que Carolina Román, Nelson Dante y Tristán Ulloa dibujan cercanías y distancias en torno al amor y la emigración.//Tenía ganas de ver mi primer Carousel de Rodgers y Hammerstein; por fin tengo la ocasión en el Barbican de Londres. Aunque para nada es redondo el montaje del Opera North de Leeds, se adivina todo lo que puede dar de si este material, quizá el más complejo y arriesgado de la venerable pareja.//En el Young Vic veo un rompedor montaje ‘deconstructivista’ de Las tres hermanas de Chejov a cargo del interesante director australiano Benedict Andrews. A ver si en Madrid o en Barcelona se anima alguien a traer este Three sisters.//Me sorprendo con el dominio sobrehumano de los diálogos sugestivos que demuestra la veterana innovadora Caryl Churchill en el Love and information del Royal Court: son 57 escenas independientes a las que un montaje algo unívoco les resta un poco de su rica ambigüedad.

Y en octubre, La vida es sueño. Se estrena Helena Pimenta con Calderón en la Compañía Nacional de Teatro Clásico regalándonos un extraordinario Segismundo, más humano que nunca gracias a la excelente versatilidad de Blanca Portillo. Mención especial para la vibrante Rosaura de Marta Poveda y para el rey Basilio del siempre acertado Joaquín Notario.//En transición hacia el teatro privado, Eduardo Vasco presenta una Noche de reyes de Shakespeare en la que destacan la andrógina Olivia de Beatriz Argüello y ese bufón casi de Mihura a quien Arturo Querejeta aporta veterana presencia escénica.//Me sorprende en el Principal de Valencia el My Fair Lady de Azpilicueta, mucho más rico en todos los aspectos que algún otro montaje suyo también en cartel.//Primer contacto con la compañia Ron Lalá gracias a Siglo de Oro, siglo de ahora, acertado y gamberro juego escénico que pone en contacto el teatro barroco español con nuestra actualidad inmediata, para diversión de los espectadores.

Nada más que la verdad

Enrique VIII, de William Shakespeare
Teatros del Canal-Sala Verde, 19 de septiembre 2012

critica de la obra de teatro enrique viii de william shakespeare

Enrique VIII. Foto: Fundación Siglo de Oro

El estreno de una obra de Shakespeare inédita sobre los escenarios españoles constituye una cita obligada para todo amante del teatro. Afortunadamente, el montaje del Enrique VIII que nos ofrece  Rakatá/Fundación Siglo de Oro en la Sala Verde de los Teatros del Canal convierte esa obligación en todo un placer.

No estamos ante una de las creaciones shakespearianas más redondas: los vaivenes amorosos del rey, y sus consecuencias históricas y religiosas, se nos presentan con cierto apresuramiento, a través de episodios repetidos de la caída en gracia -y después en desgracia- de algunos personajes del entourage real. A la estructura de serial televisivo avant la lettre se añade el poco cuidado del autor inglés en ocultar las costuras de su narración: los personajes entran en el momento oportuno y dicen el parlamento adecuado para que la historia llegue a su final.

Esta primera versión escénica española, adaptada por José Padilla y dirigida por Ernesto Arias, acierta al no esconder estos puntos débiles del original permitiendonos degustar un Shakespeare aunque menor, prácticamente desconocido; y acierta todavía más en recalcar y amplificar el mayor valor del texto: esa distancia irónica del narrador sobre lo que nos está contando. 

Desde  los  deditos jugetones del organista al comienzo de la representación hasta la explícita letra de la acertada canción final, se nos invita como espectadores a contemplar los hechos con distanciamiento. No es casual que la obra se estrenara en la época con el atrevido título, hoy abandonado, de Todo es Verdad; pero verdad entendida como reconstrucción del pasado cercano para justificar la realidad presente: puesto que Isabel, hija de Ana Bolena y Enrique, es ahora la reina, la Historia se cuenta de esta manera; si otro fuera el rey, otra sería la Historia.

Los hados que determinan la vida de los personajes en las tragedias de Shakespeare son aquí claramente un disfraz de los mecanismos sutiles de la manipulación del poderoso. El rey Enrique concede el protagonismo a unos u otros colaboradores segun conviene a sus propios deseos y, cuando ya no le sirven, se deshace de ellos. El destino de los débiles, nos viene a decir Shakespeare, lo escribe el capricho del poderoso. Y en eso, poco hemos cambiado en todos estos siglos.

Un gran hallazgo de la versión es ese momento Eva al desnudo en que Catalina de Aragón descubre en sus aposentos a Ana Bolena probándose a ocultas los tocados de la reina. Suple con austeridad a la pomposa escena de la coronación del texto original mientras nos recuerda, inmisericorde, el juego cruel de la vida. Igualmente acertada resulta la yuxtaposición cheekbyjowliana de la última escena que entremezcla a la Catalina que se apaga con la Ana Bolena que -en quince minutos de gloria- bautiza a su hija Isabel.

Arias sabe sacar mucho de un elenco desigual. Sobresale Elena González, que se lleva la función con esa dignidad inquebrantable de Catalina a la que sabe dar vida en cada momento de su prolongado sufrimiento. No le viene mal el físico a Fernando Gil para cumplir con su papel de Enrique VIII, aunque personalmente me gusta mas el excelente registro cómico y musical que el actor demostró en Spamalot.

Director y compañía hacen bien en reproducir al máximo las condiciones festivas del Globe Theatre londinense en las representaciones españolas: minimalismo escenográfico, iluminación continua, implicación del público, acompañamiento musical en vivo  e incluso ese pequeño exceso en gestos, movimientos y volumen propios del teatro al aire libre del verano. A fin de cuentas, no siempre una humilde compañía privada recibe el encargo de representar a España en un festival internacional de la importancia del Globe to Globe y lleva a cabo la empresa con tanto éxito pese a las dificultades económicas y el desprecio institucional. Conviene grabar este hito en bronce, a pesar de que el teatro, por definición, siempre se escriba en el agua.