Un bello barroco

El lindo don Diego, de Agustín Moreto
Teatro Pavón, 31 de enero 2013

critica de la obra de teatro el lindo don diego de la cntc

Elenco de El lindo don Diego. Foto: CNTC

Encomienda Helena Pimenta este segundo montaje de su etapa al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico al siempre interesante Carles Alfaro. El director valenciano ha montado para la ocasión El lindo don Diego de Agustín Moreto, reelaboración tardía de El Narciso en su opinión de Guillem de Castro. La comedia, un enredo para el más puro divertimento, se beneficia de la mirada elegante y estilizada de Alfaro: la limpia y fresca escenografía, el sugerente juego de espejos, el vestuario casi conceptual, el ritmo pausado y los leves subrayados musicales logran recrear la lucha constante entre fantasía y realidad que late en el personaje de Don Diego, un figurón ridículo que necesita creerse perfecto e irresistible con tal de no asumir la cruda verdad. Sometido a un engaño urdido para evitar el casamiento forzoso con una prima, su peripecia y la del resto de personajes se siguen con facilidad gracias a una diáfana versión de Joaquín Hinojosa que todavía podría haber recortado algún minutillo más a la trama.

Había cierta inquietud entre los habituales del Pavón por la presencia del televisivo Edu Soto en el reparto pero lo cierto es que cumple con dignidad en la entrega del verso y aporta un histrionismo incluso comedido a su Don Diego. Tampoco pasaría nada si se soltara un poco más, dada la clara apuesta de Alfaro por el tono paródico de los personajes. En esta línea, aprovechan muy bien sus intervenciones el Mosquito de Carlos Chamarro, criado y maquinador de todo el engaño, el Don Tello de Javivi Gil y la Doña Leonor de Natalia Hernández. El resto del elenco pone esforzada caracterización allí donde la vis cómica flojea un poco y, en conclusión, el público ríe mucho y aplaude más, que es de lo que se trataba.

Impresiones teatrales 2012 (Parte 2)

Segunda parte de mi recorrido teatral por el 2012. Mañana, la conclusión.

En julio, me sorprende el dinamismo que consigue imprimirle al texto de La escuela de la desobediencia su director Luis Luque. Otro al que conviene seguirle la pista.//Disfruto con Viejos tiempos de Pinter en la Pequeña del Español. Montaje-homenaje a Luis Escobar -cuya traducción se respeta- con ecos de Irene Gutiérrez Caba y Paco Rabal en las interpretaciones de Emma Suárez y José Luis García-Pérez.//Probablemente, el acontecimiento del año en la escena madrileña haya sido la inauguración de La casa de la portera. Y quién mejor que Chejov para dar el pistoletazo de salida a esta nueva propuesta teatral. Ya en el propio título, pone Ivan-Off de manifiesto cuánto arte e ingenio aportan y aglutinan José Martret y Alberto Puraenvidia en torno a su aventura. Pero este Ivan-Off pertenece sobre todo a un inmenso Raúl Tejón capaz de encarnar a solo tres palmos de los espectadores la oculta tragedia de la vida en minúsculas. De entre el compacto elenco destaco al tragicómico Carlos Leyva de Germán Torres y a las divertidísimas Condesa y Señora Leyva, cuyos canapés ha probado incluso Vargas Llosa. La casa de la portera es un bajo, interior y con poca luz; pero reformado y con infinitas posibilidades. Mejor verlo.//Comenzó el Fringe Madrid con alguna propuesta interesante: en Las plantas descubrimos a Estefanía de los Santos, otra sorprendente actriz que nos llega de la factoría Messiez. En su monólogo, comparte soledad, vacía regaderas y ama salvajemente a Nina Simone.

Agosto: la Orazi, siempre. También en el Fringe la pudimos disfrutar por partida doble en La realidad, drama uruguayo de gemelas que de jóvenes leyeron Mujercitas.//Tras el prolongado y comprensibe éxito de la Burundanga de Jordi Galcerán llega al Maravillas Shirley Valentine. El alma del montaje está en la tierna y cómica interpretación de Verónica Forqué. A ratos, si entrecierro los ojos, me parece estar eschuchando a la gran Aurora Redondo.

Se inicia septiembre con otra acertada versión de José Padilla: el Enrique VIII de Shakespeare en los Teatros del Canal, obra con la que la Fundación Siglo de Oro consiguió el triunfo para España en el Globe Theatre del Londres olímpico de hace unos meses. La dirección de Ernesto Arias ofrece sencillez, claridad y destacado protagonismo para la Catalina de Aragón de Elena González.//Otra gran experiencia en Microteatro de la mano de En construcción, emocionante pieza breve, extraída de otra más larga, en la que Carolina Román, Nelson Dante y Tristán Ulloa dibujan cercanías y distancias en torno al amor y la emigración.//Tenía ganas de ver mi primer Carousel de Rodgers y Hammerstein; por fin tengo la ocasión en el Barbican de Londres. Aunque para nada es redondo el montaje del Opera North de Leeds, se adivina todo lo que puede dar de si este material, quizá el más complejo y arriesgado de la venerable pareja.//En el Young Vic veo un rompedor montaje ‘deconstructivista’ de Las tres hermanas de Chejov a cargo del interesante director australiano Benedict Andrews. A ver si en Madrid o en Barcelona se anima alguien a traer este Three sisters.//Me sorprendo con el dominio sobrehumano de los diálogos sugestivos que demuestra la veterana innovadora Caryl Churchill en el Love and information del Royal Court: son 57 escenas independientes a las que un montaje algo unívoco les resta un poco de su rica ambigüedad.

Y en octubre, La vida es sueño. Se estrena Helena Pimenta con Calderón en la Compañía Nacional de Teatro Clásico regalándonos un extraordinario Segismundo, más humano que nunca gracias a la excelente versatilidad de Blanca Portillo. Mención especial para la vibrante Rosaura de Marta Poveda y para el rey Basilio del siempre acertado Joaquín Notario.//En transición hacia el teatro privado, Eduardo Vasco presenta una Noche de reyes de Shakespeare en la que destacan la andrógina Olivia de Beatriz Argüello y ese bufón casi de Mihura a quien Arturo Querejeta aporta veterana presencia escénica.//Me sorprende en el Principal de Valencia el My Fair Lady de Azpilicueta, mucho más rico en todos los aspectos que algún otro montaje suyo también en cartel.//Primer contacto con la compañia Ron Lalá gracias a Siglo de Oro, siglo de ahora, acertado y gamberro juego escénico que pone en contacto el teatro barroco español con nuestra actualidad inmediata, para diversión de los espectadores.