Embrujo y futurología

La Odisea, de Rafael Álvarez, El Brujo
Teatros del Canal, 23 de enero 2013

critica de la obra de teatro la odisea de rafael alvarez, el brujo

El Brujo en plena Odisea. Foto: Festival de Mérida

Confieso que nunca había asistido a ningún espectáculo de Rafael Álvarez, El Brujo; que los dioses del Olimpo hagan caer su ira sobre mí. Me estreno, más vale tarde que nunca, con esta divertidísima Odisea en la cual, entre aventuras y desventuras de Ulises, asoman la cabeza Bárcenas, Rajoy, Fernán Gómez, Lolita Flores y demás mitología patria. En la mejor tradición del humor español para todos los públicos, exhibe El Brujo el ingenio de esos profesores muy instruidos y aún más divertidos que hacían las delicias de sus alumnos en el instituto. Con expresiva locuacidad y desatada agitación corporal desarrolla el veterano narrador un elaborado texto de apariencia improvisada que logra su objetivo: arrancar muchas carcajadas a costa de la guerra de Troya y sus daños colaterales. Todo un juglar para todo un poema.

Futurología teatral (2)
Hay que ir organizándose la agenda de febrero, otro mes que llega cargado de estrenos interesantes, pese al ministro Wert y sus secuaces.//Tres propuestas apetitosas en La casa de la portera: Ahora empiezan las vacaciones. Gran elenco dirigido por Luis Luque en esta adaptación de El pelicano de Strindberg a cargo de Paco Bezerra. Desde 5 feb.//La vida en tiempos de guerra. Versión libre de Casa de muñecas que nos trae Francesco Carril. Desde 6 feb.//Breve ejercicio para sobrevivir. Lautaro Perotti dirige a Bárbara Lennie y Santi Marín en esta obra corta de Tennessee Williams. Desde 9 feb.//Cuando fuimos dos. Escrita por Nando J. López, con David Tortosa. Desde 7 feb. El Sol de York.//Huevo. Texto y dirección de Iñigo Guardamino. Desde 1 feb. Garaje Lumiere.//Mujeres de arena. Reivindicativo teatro amateur en torno al asesinato de mujeres en Ciudad Juarez. 16 feb. Círculo Catalán-Plaza de España y 17 feb. Colegio San Juan evangelista.//La amante inglesa. Dirige Natalia Menéndez. Desde el 8 feb. Naves del Español, Sala 2.//Antígona. Versión de Rubén Ochandiano. Desde 6 feb. Naves del Español, Sala 1.//Invierno en el barrio rojo. Dirige Marta Etura. Desde 13 feb. Sala pequeña del Español.//Ping Pang Qiu. Angélica Liddell y la escritura china. Desde 14 feb. Teatros del Canal, Sala roja//El Café. Un Goldoni pasado por Fassbinder, con Lidia Otón. Desde 27 feb. La abadía, Sala Juan de la Cruz.//Y, por supuesto, la atractiva programación del Festival Escena Contemporánea, del 30 ene al 24 feb, que habrá que estudiar con detenimiento; junto a lo que queda pendiente de enero.

Nada más que la verdad

Enrique VIII, de William Shakespeare
Teatros del Canal-Sala Verde, 19 de septiembre 2012

critica de la obra de teatro enrique viii de william shakespeare

Enrique VIII. Foto: Fundación Siglo de Oro

El estreno de una obra de Shakespeare inédita sobre los escenarios españoles constituye una cita obligada para todo amante del teatro. Afortunadamente, el montaje del Enrique VIII que nos ofrece  Rakatá/Fundación Siglo de Oro en la Sala Verde de los Teatros del Canal convierte esa obligación en todo un placer.

No estamos ante una de las creaciones shakespearianas más redondas: los vaivenes amorosos del rey, y sus consecuencias históricas y religiosas, se nos presentan con cierto apresuramiento, a través de episodios repetidos de la caída en gracia -y después en desgracia- de algunos personajes del entourage real. A la estructura de serial televisivo avant la lettre se añade el poco cuidado del autor inglés en ocultar las costuras de su narración: los personajes entran en el momento oportuno y dicen el parlamento adecuado para que la historia llegue a su final.

Esta primera versión escénica española, adaptada por José Padilla y dirigida por Ernesto Arias, acierta al no esconder estos puntos débiles del original permitiendonos degustar un Shakespeare aunque menor, prácticamente desconocido; y acierta todavía más en recalcar y amplificar el mayor valor del texto: esa distancia irónica del narrador sobre lo que nos está contando. 

Desde  los  deditos jugetones del organista al comienzo de la representación hasta la explícita letra de la acertada canción final, se nos invita como espectadores a contemplar los hechos con distanciamiento. No es casual que la obra se estrenara en la época con el atrevido título, hoy abandonado, de Todo es Verdad; pero verdad entendida como reconstrucción del pasado cercano para justificar la realidad presente: puesto que Isabel, hija de Ana Bolena y Enrique, es ahora la reina, la Historia se cuenta de esta manera; si otro fuera el rey, otra sería la Historia.

Los hados que determinan la vida de los personajes en las tragedias de Shakespeare son aquí claramente un disfraz de los mecanismos sutiles de la manipulación del poderoso. El rey Enrique concede el protagonismo a unos u otros colaboradores segun conviene a sus propios deseos y, cuando ya no le sirven, se deshace de ellos. El destino de los débiles, nos viene a decir Shakespeare, lo escribe el capricho del poderoso. Y en eso, poco hemos cambiado en todos estos siglos.

Un gran hallazgo de la versión es ese momento Eva al desnudo en que Catalina de Aragón descubre en sus aposentos a Ana Bolena probándose a ocultas los tocados de la reina. Suple con austeridad a la pomposa escena de la coronación del texto original mientras nos recuerda, inmisericorde, el juego cruel de la vida. Igualmente acertada resulta la yuxtaposición cheekbyjowliana de la última escena que entremezcla a la Catalina que se apaga con la Ana Bolena que -en quince minutos de gloria- bautiza a su hija Isabel.

Arias sabe sacar mucho de un elenco desigual. Sobresale Elena González, que se lleva la función con esa dignidad inquebrantable de Catalina a la que sabe dar vida en cada momento de su prolongado sufrimiento. No le viene mal el físico a Fernando Gil para cumplir con su papel de Enrique VIII, aunque personalmente me gusta mas el excelente registro cómico y musical que el actor demostró en Spamalot.

Director y compañía hacen bien en reproducir al máximo las condiciones festivas del Globe Theatre londinense en las representaciones españolas: minimalismo escenográfico, iluminación continua, implicación del público, acompañamiento musical en vivo  e incluso ese pequeño exceso en gestos, movimientos y volumen propios del teatro al aire libre del verano. A fin de cuentas, no siempre una humilde compañía privada recibe el encargo de representar a España en un festival internacional de la importancia del Globe to Globe y lleva a cabo la empresa con tanto éxito pese a las dificultades económicas y el desprecio institucional. Conviene grabar este hito en bronce, a pesar de que el teatro, por definición, siempre se escriba en el agua.

Adios, Festival, adios

Acabó el Festival de Otoño en Primavera 2012. Imposible verlo todo. Me perdí The Suit de Brook y The Master and Margarita, muy alabadas ambas. Entre lo que vi, lo típico: nunca sabes cómo saldrá el melón hasta que lo abres. Éstas han sido mis siete tajadas:

critica de obras de teatro del festival de otoño en primavera 2013

La compañía belga tg STAN. Foto: Thomas Legrève

1 Juego de Cartas: Picas
La primera en la frente. El estreno mundial de Robert Lepage debería haberse quedado en la sala de ensayos. Aunque el creador multimedia le reste importancia al hecho de que la obra no estuviera ‘acabada’ para la presentación en Madrid, su visionado resultó embarazoso para los que asistimos a tres largas horas de vacío artificio técnico. La obra intenta ser una ritualización de lo cotidiano pero acaba convertida en serigrafía de la nada. Me pase las tres horas pensando: cuando esto lo vea James Franco le va a encantar. Además, que un canadiense no le arranque cuatro risas al respetable a costa de Las Vegas de Celine Dion ya tiene delito. Al menos disfruté con los comentarios a la salida de aquéllos a quienes les había entusiasmado: eran casi de guión de Almodóvar, y de los buenos.

2 Entitled
La obra de realidad/ficción presentada por los británicos Quarantine me pareció menos innovadora de lo esperado. Pone el foco sobre una serie de protagonistas corrientes (en este caso, los propios miembros de la compañía que montan -y desmontan- su espectáculo) pero al texto teatral le falta elaboración: hay una simplicidad excesiva a la hora de justificar las entradas y salidas de los personajes; la constante interpelación de cada uno al público, sin apenas interacción entre ellos, acaba resultando poco estimulante. Lo más llamativo: la provocativa ausencia de subtítulos durante la media hora final en que cada personaje va haciendo el relato entrecortado de su futuro y la presencia de Filosofo en la ficha artística de la obra (un tal Dr. Michael Brady).

3 Le Mariage
Aunque no he visto nada de danza en esta edición (con ganas me he quedado de ver el ¿pseudo? polémico Can We Talk About This? de DV8), el magro argumento de la obra anti matrimonial de Nikolái Gogol, superestilizada por la puntillosa puesta en escena de Lilo Baur, me pareció más de ballet que de teatro. Eso sí, el propio concepto de la Comédie-Française y su mundo, el dominio vocal y corporal de los Comédiens y la peluca imposible de esa casadera rusa tan francesa, compensaron la frugalidad de la obra seleccionada por el Festival.

4 Alemania
Acudí a verla por ser Ignacio Amestoy el único autor español de toda la programación. El texto retrata con certeza el mundo de los arquitectos y sus intrincadas conexiones entre lo profesional y lo personal. El trabajo interpretativo es esforzado. El mayor problema de la obra es que el expresivo gesto con que la mujer tira al suelo los planos en los que el marido ha estado trabajando, a cinco minutos del comienzo, ya nos cuenta lo esencial de la historia que se nos va desgranando durante los siguientes setenta.

5 Las Criadas
Pablo Messiez nos ha ofrecido su fresca visión del texto de Jean Genet en que las criadas sacan brillo a la plata, la conversación fluye entre ellas a ritmo vertiginoso, la escasez de recursos escénicos nos recuerda el poder creador de la imaginación y la señora resulta tan repelente como cariñosa. Estupendos Pozzi, Orazi y Lennie. Corría entre el público el rumor de que todas las mejores localidades se habían reservado para compromisos privados, al estilo CDN. En las últimas filas, la reverberación de la sala hacia que se perdiera prácticamente el cuarenta por ciento del texto: un ligero efecto Mario Casas, podríamos decir. Y, aunque esto no imposibilitaba la comprensión de una historia enfermizamente repetitiva, es de esperar que en el posible reestreno de 2013 se presente la obra con el público en torno al escenario.

6 Coma
El ‘viaje atlético’ que realiza Patrice Chéreau por el territorio Pierre Guyotat nos introduce en esta historia de una grave crisis vital superada; es una especie de segundo concierto de Rachmaninov pero contado en palabras brillantes y con un desenlace menos triunfal. El minoritario autor francés se recrea más bien en los momentos duros que, para él, son inseparables del placer necesario de la escritura. La comedida puesta en escena de Thierry Thieu Niang (no más que una lectura suficientemente dramatizada) logra conectarnos a esta narración tan rica en simbolismos.

7 Le Chemin Solitaire
Este trabajo de la compañía tg STAN, a partir de la sólida obra de Schnitzler, ha supuesto, para mí, el gran descubrimiento del Festival. Siento una empatía instantanea hacia las compañías que respetan el trabajo del dramaturgo, se toman muy en serio el suyo propio y no se entrometen en el que a nosotros, como espectadores, nos corresponde. Cada decisión artística de este colectivo (que trabaja sin director), incluido el continuo intercambio de roles, aporta ricos matices a la historia y, a la vez, funciona como reflexión sobre el hecho teatral. Durante la función me pareció que los actores solo se apropiaban del texto por un breve instante para lanzarlo, con el efecto necesario, hacia el público. Una forma magnífica de decirle adiós al Festival de Otoño en Primavera, edición 2012.